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Cuando las marcas cobran vida: ¿qué se esconde detrás del regreso triunfal de las mascotas?
Fecha:
30 de abril de 2026

¡Personajes por todas partes!
Pensábamos que las mascotas habían sido enterradas junto con las cajas de cereal de nuestra infancia. Tony el tigre, Ronald Mcdonald y Bibendum parecían haber perdido la batalla frente al blanding, esa tendencia de las marcas a borrarse detrás de identidades minimalistas, frías y a menudo intercambiables.
Sin embargo, llevan varios años regresando con fuerza. Si marcas como Oasis y Duolingo fueron de las primeras en volver a poner personajes en el centro de su identidad, 2026 confirma definitivamente este regreso estratégico. (Tampoco nos olvidamos de quienes nunca soltaron la apuesta, como M&M’s o Cetelem)
En un mundo digital saturado, frente a una IA omnipresente y feeds demasiado pulidos para ser verdaderos, la personificación ya no es una excepción, sino una tendencia de fondo.
En Camden, vemos en ello la respuesta radical a la necesidad de autenticidad y humanización: la personificación permite reinyectar textura, una presencia y, sobre todo, carga emocional. Ya sea desenfadada, poética o puramente tranquilizadora, la mascota saca a la marca del anonimato para crear un vínculo vivo, donde el diseño la había vuelto aséptica.
Mascota de identidad vs Ícono de notoriedad
Primero hay que distinguir dos casos
Por un lado, la mascota de identidad, esa que lleva el ADN y la marca sobre sus hombros (Duo de Duolingo o incluso el pequeño animal de Alan). Ella es el producto, dicta la experiencia de usuario y el tono. También se puede pensar en figuras humanas, como George Clooney, que encarnó a Nespresso durante casi 20 años y recientemente pasó la estafeta a Dua Lipa en un anuncio a dúo. (¿ya se dieron cuenta?)
Por el otro, ese personaje que surge de una campaña, de una historia y se convierte en ícono de la marca. Es el lobo de Intermarché, que reinventa el cuento de Navidad para devolverle sentido a nuestras compras, o el mono de peluche de Ikea (de nombre: Djungelskog), que se volvió una mamá sustituta viral en las redes. Incluso Apple, maestro absoluto de la pureza visual, ve cómo su “Little Finder Guy” se convierte en una estrella de culto, demostrando que incluso los consumidores de la marca más de diseño esperan un poco de calidez y personificación. No importa el tamaño de la marca, la personificación no es un simple truco de comunicación. Es un activo estratégico que construye un universo de marca y garantiza un reconocimiento inmediato, incluso sin logo.
El alma fatal de las marcas
Este regreso se inscribe justo en la prolongación de nuestro análisis anterior sobre el Nostalgia-Core. La personificación es un atajo cultural: nos recuerda la época en que las marcas tenían una voz, una silueta, una torpeza. Eso es lo que entendió McDonald’s al reactivar las figuras de culto de su “McDonaldland” de los años 80: un éxito planetario impulsado por el regreso de Grimace, Hamburglar o Birdie. Esta operación generó miles de millones de vistas en TikTok y un crecimiento de ventas de más de 11 % en un trimestre. Prueba de que el “muñeco retro” no es solo una cuestión de nostalgia, sino también una palanca de negocio masiva. En un mundo digital frío, la mascota se convierte en un “safe place”. Aporta imperfección donde el algoritmo impone perfección. Verdadero puente generacional, maravilla a los más jóvenes mientras actúa como una Madeleine de Proust para los adultos: la marca se vuelve entonces un “muñeco” emocional, un punto de referencia tranquilizador en una época angustiante. También permite transmitir mensajes serios de una forma más lúdica y romper el hielo donde una publicación clásica tendría menos impacto y sería ignorada.
Del cringe a la brandformance
Hace no tanto, la idea misma de una mascota solía considerarse “cringe” e incluso pasada de moda. Hoy, el personaje de marca no solo se revaloriza, sino que vuelve a ser la clave para darle cuerpo al relato de las marcas: el corazón que late dentro del storytelling de la marca. Un personaje como Duo ya no se limita a aparecer en el logo: vive, escenifica el día a día de la marca, reacciona en tiempo real, incluso trollea a sus usuarios… Y hasta llegó a poner en escena su propia desaparición. Un verdadero golpe de genialidad por parte de la marca, que orquestó la “muerte” de su mascota en las redes y generó una onda expansiva mundial. ¿El resultado? Más de 50 millones de vistas en 24h en TikTok y un engagement récord que catapultó la aplicación al primer lugar en descargas. Entonces se convierte en una figura de influencia en toda regla, capaz de transmitir mensajes de marca que una entidad más “clásica” e “institucional” no podría sostener sin parecer forzada.
Y no se trata solo de viralidad efímera: esta capacidad de crear un vínculo visceral se apoya en una realidad estadística implacable. Según un estudio de Ipsos, la personificación de una marca multiplica por 6 su recordación frente a un simple logo. Mejor aún: de acuerdo con las investigaciones de Orlando Wood (System1) presentadas en Cannes Lions, un personaje de marca es 2,2 veces más eficaz que una celebridad para consolidar una reputación a largo plazo. ¿Por qué? Porque una figura humana puede decepcionar, envejecer. En cambio, el personaje de marca se mantiene fiel a su ADN. Es el estadio máximo del engagement de marca: ya no seguimos un producto ni una empresa, seguimos una personalidad.
Volver a figuras encarnadas no es jugar la carta de la nostalgia fácil. Es devolverle aspereza al relato de marca y transformar una identidad fija en una presencia viva. Es hackear el futuro entendiendo que, frente a la estandarización impulsada por la IA, el carácter, la ficción y la imaginación son valores refugio.
Seamos claros
Darles un rostro a las marcas es pertinente y efectivo, pero no siempre es evidente. El relato de la marca es el buen punto de partida para la reflexión. ¿Qué quiere contar tu marca y cómo podría tomar vida esa historia? ¿Es tu producto el que cobra vida? ¿Tu consumidor el que se personifica? ¿Tu estado de ánimo el que toma forma? ¿O todo eso a la vez? La cuestión de la personificación, ya sea real o ficticia, que dure lo que una campaña o se convierta en la identidad de tu comunicación durante 20 años, es una excelente forma de volver a los fundamentos de la marca: su personalidad y las emociones que genera. Para cerrar con una quote vista en LinkedIn esta semana: “El marketing es invitar a alguien a una cita. La marca es la razón por la que dicen que sí.”


